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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Visceralidad


Hay una cosa imperdonable en el dimisionario Gallardón: ni las tasas judiciales, injustas por lo que tienen de discriminación social y económica, ni incumplir su promesa de despolitizar la justicia, ese lupanar donde retozan los comisarios políticos, ni el ponerse de perfil con el fallo de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, que provocó una excarcelación masiva de terroristas, ni formar parte de un gobierno que fue obsceno y prevaricador para dar suelta a Bolinaga, aquel pájaro al que Mariano veía muy flaco. Nada de eso. Pese a que su dimisión sea alabada por lo que tiene de ética, lo verdaderamente imperdonable tiene que ver con la estética: que su adiós haya provocado que las redes sociales sufran esa horrible invasión de imágenes de fetos abortados para criticar a un gobierno-o gomierdo-que no es otra cosa que un aborto. En fin, que no hay ética sin estética.

2 comentarios:

Fuga dijo...

Rafael Catalá habla catalán en la intimidad. Con sentimiento.
Y Pedro Sánchez, más bonito que un San Luis -Tip dixit- aboga por ceder las competencias lingüísticas a la Generalitat.
Son, en efecto Reinhard, un aborto.

Empiezo a considerar que si la defensa de la unidad de España se traduce en permitir que estos indigentes intelectuales puedan cedernos como ganado a la ingeniería social identitaria de los nacionalismos tal vez sea mejor, después de todo, que el país se rompa en 20 trozos y a tomar por saco.

Reinhard dijo...

Abandona todo optimismo, me dije hace mucho tiempo. Y todavía hay gente que habla de España, nación, etc. Eso, a tomar por saco: será de ley.