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miércoles, 23 de septiembre de 2009

El hombre que amaba a los perros

Aquí tenemos un buen ejemplo de hombres condenados, por acción u omisión, méritos o deméritos, y que bailan a ritmo trepidante en una obra que no se aparta del género negro que caracteriza a su autor, aunque no deje de ser una novela histórica, con las dosis justas de ficción- no todo puede estar en los archivos- que requiere una empresa de este tipo, en la que el flashback juega un papel fundamental, transportando al lector a una sucesión vertiginosa de acontecimientos, un ir y venir que obliga a seguir pasando páginas con avidez. Condenados que fueron legión-anónima en muchos casos- y que se mueven en diferentes épocas y escenarios, vida y muerte de víctimas y verdugos, de Trotski, errante en su exilio, y Ramón Mercader, implacable perro de presa no exento de conciencia, pero también de Andreu Nin y del POUM, de la Guerra Civil, campo de pruebas para los hombres de Stalin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo estoy leyendo y es fascinante.