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lunes, 26 de junio de 2017

El rigor



No he podido resistir la tentación de leer una larga entrevista a Marhuenda en El Mundo, pues sabía que algo jugoso saldría de ella. Tras ser presentado, entre otras cosas, como Doctor en Derecho, lee uno, a modo de aperitivo, la siguiente sentencia: En televisión yo intento defender los temas con el máximo rigor académico. Luego hay tertulianos de Wikipedia. Ahí es nada.

Más de una perla puede traerse sobre la falta de rigor de Marhuenda, en cuestiones jurídicas y de otra índole, pero me quedo con una especialmente jugosa que siempre repetía en diferentes tertulias sobre la suelta del terrorista Bolinaga y que demuestra que el pobre Paquito, tan amante de los perritos, es la voz de su amo. Para defender lo indefendible, que no era otra cosa que salvar la cara del gobierno en tan espinoso asunto, el hombre decía una y otra vez que había sido un juez, y no el Ejecutivo, el que había concedido la libertad condicional al carcelero de Ortega Lara. Y era cierto, faltaría más, pero omitía que para ello era necesario que el preso estuviese clasificado en tercer grado penitenciario, algo que hizo el gobierno por la vía rápida un tórrdio verano, so pena de prevaricar si no lo hacía, como insistía el abúlico Fernández Díaz una y otra vez. He ahí el rigor, máximo y académico, de Marhuenda. ¿O será mendacidad?

viernes, 16 de junio de 2017

¿Cómo te llamas?



El Consenso del 78 da otro paso en la cuadratura del círculo y decide, por fin, que el apellido del padre deje de ser preferente por defecto. Hasta ahí todo perfecto, y en interés del menor recién nacido, no venga ya a este valle de lágrimas con traumas y estigmas. El problema surgirá cuando no haya acuerdo entre el progenitor A y el B, pues de momento el C no tiene cabida en este consenso, aunque todo se andará. En ese caso, será el encargado del Registro Civil, un funcionario simpático que no tiene otros problemas que resolver, ni en su Registro ni en su casa, el que decida la suerte del tierno infante.

Eso sí, el legislador aconseja que se eviten malsonancias-Armando Guerra no parece muy adecuado-o que prevalezca el que suene mejor-Florido siempre luce mejor que Pérez- o incluso el menos común, así Pollón o Poyón son apellidos que por ahí corren. Siempre, a falta de acuerdo, queda la opción tan arbitral-jueces futboleros hubo que se llamaban Acebal Pezón o Condón Uriz-de tirar una moneda al aire, pero que sea de Euro, que estas extravagancias son muy europeas. Dentro del desmadre normativo, otro más, lo mejor es el optimismo de la Dirección General de Registros, que afirma que en la mayoría de los casos habrá acuerdo y no se generarán retrasos-el plazo es de tres días antes de que decida la autoridad-para que el niño/a tenga apellidos ya ordenados y bien puestos. Habrá consenso, pues.