TWITTER

miércoles, 21 de febrero de 2018

El olvido



Pasó Marta Rovira por el Tribunal Supremo y un detalle, o más bien la ausencia del mismo, llamaba poderosamente la atención: Marta no lucía el lazo amarillo que expresa la solidaridad de los separatistas con los presos que ellos y los obispos consideran políticos. Los benévolos podrán pensar que esa ausencia en la solapa era una cautela para no predisponer en su contra al juez Llarena y no acabar en prisión, mas ello no se compadece mucho con la trayectoria del juez en este asunto, que de momento no ha encarcelado a nadie, si acaso confirmar prisiones para hacerse respetar un poquito. Los descreídos, mejor encaminados, lo achacan, confirmado por la declaración de la propia Rovira, a que aquí se ha decretado el sálvese quien pueda, o maricón la última, por lo que lo más adecuado es ir soltando lastre antes de que se dicten los procesamientos, y que el que esté encarcelado busque consuelo en la religión o en la literatura o en cualquier taller del centro penitenciario. Valga el ejemplo de Gabriel, que se escapa a la siempre neutral Suiza

Al final,  con el prusés ocurrirá lo mismo que acontecía en los regímenes comunistas a la hora de ajustar cuentas, cuando no se tenían reparo en borrar de las fotografías oficiales a todos aquellos que, caídos en desgracia, habían sido convenientemente purgados. Así, lo que era borrado era algo que no había existido, jamás. Con el olvido-una metáfora-del lacito por parte de Marta se van difuminando poco a poco los rostros de Junqueras y compañía en el imaginario colectivo independentista. Al fin y al cabo, inmolarse nunca fue un acto multitudinario.

lunes, 19 de febrero de 2018

Serenidad



Artículo 504
1. La prisión provisional durará el tiempo imprescindible para alcanzar cualquiera de los fines previstos en el artículo anterior y en tanto subsistan los motivos que justificaron su adopción.
2. Cuando la prisión provisional se hubiera decretado en virtud de lo previsto en los párrafos a) o c) del apartado 1.3.º o en el apartado 2 del artículo anterior, su duración no podrá exceder de un año si el delito tuviere señalada pena privativa de libertad igual o inferior a tres años, o de dos años si la pena privativa de libertad señalada para el delito fuera superior a tres años. No obstante, cuando concurrieren circunstancias que hicieran prever que la causa no podrá ser juzgada en aquellos plazos, el juez o tribunal podrá, en los términos previstos en el artículo 505, acordar mediante auto una sola prórroga de hasta dos años si el delito tuviera señalada pena privativa de libertad superior a tres años, o de hasta seis meses si el delito tuviera señalada pena igual o inferior a tres años.

Los obispos catalanes piden una reflexión serena sobre el encarcelamiento de Junqueras y compañía: de forma serena sería también sosegada, sin turbación física o moral. Con la ley ritual en la mano, y mientras los susodichos estén en prisión provisional, se tienen hasta cuatro años por delante para tal misión. Afrontemos, pues, la reflexión con toda la serenidad del mundo, que las prisas siempre son malas consejeras.

viernes, 16 de febrero de 2018

Patriotas del balón



Confieso que desde hace tiempo estoy en franca retirada con todo aquello que tenga que ver con el fútbol, un deporte cada vez más decadente en muchos aspectos, y también confieso que paso olímpicamente del Combinado autonómico, también llamada La Roja para no decir España, que es término franquista, y paso desde que los medios de la progresía audiovisual así la bautizaron. A la desafección de algunos cuyos nombres todos conocemos, se suma este Mikel San José Domínguez, navarro del Bilbao, que viene a decir lo que todos sabemos: que para ir al combinado no hace falta ser muy patriota, ni siquiera parecerlo, sino que puedes ir, ponerte la elástica y ser independentista-por las sandeces que dice en la entrevista se deduce que él lo es- sin mayor problema: a fin de cuentas, se va por el vil metal, que eso lo saben, aunque lo callen, hasta el logorreico Méndez del Higo y el marqués Del Bosque.

Visto lo visto, y si con estos bueyes hay que arar, hay que reconocer que es de justicia poética no tener un himno con letra: sólo imaginar el trauma de los desafectos al tener que mover los labios para parecer que lo cantan ya es para desternillarse. Apáñense los seguidores, que siguen siendo legión, con el España, España ra,ra,ra de Manolo el del Bombo, quizá el último patriota de una banda de mercenarios.