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viernes, 24 de marzo de 2017

La cuñada



Si algo caracteriza a la política española, amén de su obscenidad, es su transversalidad, básicamente porque la derecha no existe y emula a la izquierda, que toda es extrema, en todo aquello que puede resultar rentable, por lo que la distinción, por mínima que sea, es ya imperceptible. Pero también prima la extravagancia, que es consecuencia irrefutable de la obscenidad.

Si hace poco glosábamos la última chorrada de Pablemos y el niño que lo retrató, hoy nos centramos en la siempre mediática y simpática Chichifuentes, que se mete en todos los charcos que encuentra en el camino. La última de la presidenta, caliente todavía su ridículo con el autobús genital, ha sido decir que Íñigo Errejón es el hijo que toda madre querría tener. Por chocante que resulte la afirmación desde un punto de vista político, no criticaremos los gustos de una señora que vaya usted a saber qué hijos tiene y qué satisfacciones le han dado, pero ya puestos a ir por la senda del buen rollito con la extrema izquierda, y dentro de la exaltación del amor materno y para no caer en discriminación de clase alguna, más admirable hubiera sido decir que ese hijo soñado por ella era Espinar, o Echepenique, elementos muy cariñosos a tener en cuenta entre estos émulos de Saint-Just y su guillotina. Lástima, otra vez será.

En cualquier caso, y dejando a un lado la siempre necesaria ironía para transitar por este valle de lágrimas, lo que está claro es Chichifuentes es el prototipo de cuñada, ésa que todo el mundo debe soportar y que nadie hubiera querido tener, o sí, que con la transversalidad todo es posible. Y hasta loable.

martes, 21 de marzo de 2017

El niño artista



La última boutade de Pablo Iglesias ha sido mostrar en las redes sociales un retrato que le hizo un niño en el tren. Este retrato me lo ha hecho un niño en el tren sin que me diera cuenta. Me lo ha dado al llegar a Madrid. Estas cosas me conmueven. Si no los abortan antes, es un clásico en el comunismo la manipulación de los niños, sea en forma de pioneros con pañuelos de vivos colores al cuello, sean en toda clase de festivales donde se vitorea al líder máximo. De ahí que el conducator podemita no haya tenido reparo en hablarnos del niño y de la emoción que le embargaba al recibir la obra.


El retrato en sí, de una crudeza aplastante y vivo realismo, cuadra a la perfección con el arte típicamente soviético, que huía del decadente arte burgués, siempre plagado de las  extravagancias típicas de todo lo moderno. Y es que el niño, quizá sin saberlo ni pretenderlo, dejó un retrato del líder que tiene de parecido asombroso con una de las referencias históricas de Pablo, Felix Dzerzhisnky, fundador de la Cheka: normal, pues, la conmoción que le produjo el regalo.

viernes, 17 de marzo de 2017

La multa



Tras el fracaso del gobierno con el decreto ley que regula la liberalización de los estibadores, muchas han sido las reacciones: euforia de los trabajadores interesados, que siguen siendo una casta, decepción de los promotores con reproches al comodín Ciudadanos y jolgorio en la variada oposición de nacionalistas e izquierda extrema, que es toda la izquierda. De todo ello se queda uno con el lamento de Andrea Levy, quien en un alarde de patriotismo económico-tampoco conoce otro-afirma que la broma nos costará a todos los españoles-incluidos los que no se sienten como tales- 134.000 euros al día en concepto de multa made in Bruselas. Valoremos el drama como nos exige Levy, en su justa medida y mirando nuestro bolsillo: si esa cantidad se divide entre los 47 millones de españoles, salimos a 0,002851 euros por cabeza. Si el problema perdura, pongamos un año, que Rajoy sólo corre cuando anda, nos vamos, salvo error u omisión, a 1,04 euros por cada españolito de derecho. Y eso suponiendo que la multa se pague y no sea una ficción jurídica. Será por dinero...En fin, un sinvivir, Andrea.